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A human library inspired by the stories in the film

EL PRECIO DEL SUEÑO AMERICANO

By Leydi  |   From : Guatemala  |   School : Lake Worth High School

The Price of the American Dream

My name is Leydi, and I am from Guatemala. I left Guatemala at age 13 with my brother, who was 7 years old, to meet with my mom; and also in search of the American dream. That dream that we all have heard about, but no one has never told us the price of that dream; and it costs a lot.

I was alone with my brother and grandparents in my country because my mom was already in the USA. A year passed without the presence of my mom. Her love was always there because she never forgot about us, but the suffering of not having our mother as other children did was very hard. Don’t get me wrong, my grandparents were exceptional; I love them and appreciate everything they have done to take care of us. But not everybody in my family was the same way. Many struggles and bad experiences happened without my mom. Nevertheless, my brother was always there, and I couldn’t live without him. At night I used to cry a lot. I tried to be strong, but I could not pretend to be strong when my heart was full of sadness. Despite of, the truth was that I was not a weak person, the problem was that I could not stand it anymore. Crying made me feel relaxed, I felt better. It gave peace to my soul, and it also gave me strength. It gave me the strength to continue holding on to everything that was happening to me. In the process, I made many friends. My mom and my brother are everything to me; they are my strength so I had to be strong. It was time for us to be with her.

The day that I had to leave arrived, my friends got up super early to say goodbye. I did not want to leave. I had a very special affection for them, and they gave me a few gifts. Today, those gifts are my most precious treasures; I still keep them with much affection. We said goodbye to them with tears in our eyes, and we went to the airport with other girls who were going to other places. I got on a plane, and after that plane, I had to take another one to get here with my mom. I finally got here and my mom was waiting in the baggage claim. When I saw her, the first thing I did was to run to her and give her a big hug. I did not want to let go, she hugged me very hard, and she started crying. I also started to cry, I could not hold back the tears. I had a year of not seeing her, I missed her so much. The first thing my mother did was to take us to the Maya Center to learn English, so that when my brother and I started school we would know something and did not start school without knowing English.

My first day of school was in middle school. At the beginning, it was not the best day. I got lost and I did not know anyone. I felt very bad, but when I entered the classroom for my first period, my classmates helped me; and they were very kind to me which made me feel better. At the end of the day, it was better than I could ever imagined. I did not start well with my classes since I did not understand anything. In Guatemala, I only studied until the fourth grade and here I was in eighth grade that was very advanced for me. But despite how difficult it was, I did not give up and my grades were pure A’s and B’s.   I still put a lot of effort in school and do not give up despite the difficulties. I think and talk to myself, “I can do it”, with everything that has happened to me “Is there anything I cannot do?” I also want my mom to know that her efforts have been worth it, and that I appreciate it a lot. I take this opportunity with open arms because I know there are many children who want the same opportunity, but do not have it.

 

Now I’m in high school, I want to achieve the dream I came here for. I want to study Business Administration and also complete a Psychology degree. I want my mom to feel very proud of me. I’m going “to kick and fight” to get what I want, and I know there is not anything I cannot do. I know that the American dream that I came here for has cost me a lot, and it will continue costing me a lot, but I know that with the help of God and my family I will achieve it. Although I am far from some of my family and they have treated me badly, I do not care. I still love them and I don’t hold grudges, even though I know I cannot be with them because they do not love me and have treated me badly.

There are many times that make me want to throw everything over the edge and run away, but I remember that in my country I do not have someone who loves me. I remember my goals and everything I’ve been through to fulfill them. Then, I think it over, and recover my strength because when my strengths are over those of God begin.

This was my story on how I came here and everything I’ve been through. I hope to be an inspiration to all of those that have gone through something similar to mine. I advise you to give everything you have and never give up. God knows why you do things and why you are here for. Remember that you are not alone that God is always with you. You have to appreciate the sacrifice that your families have done for you, and always be grateful.

EL PRECIO DEL SUEÑO AMERICANO

 

Mi nombre es Leydi y soy de Guatemala. Salí de Guatemala a los 13 años con mi hermano, que tenía 7 años, para encontrarme con mi mamá, y también en busca del sueño americano. Ese sueño de que todos hemos oído hablar, pero nadie nos ha dicho nunca el precio de ese sueño, y cuesta mucho.

Yo estaba sola con mi hermano y abuelos en mi país porque mi mamá ya estaban en los Estados Unidos. Pasó un año sin la presencia de mi mamá. Su amor siempre estuvo ahí porque nunca se olvidaron de nosotros, pero el sufrimiento de no tener nuestro padres cuando otros niños sí, fué muy duro. No me malinterpretes, mis abuelos eran excepcionales y los amo; y aprecio todo lo que habían hecho para cuidar de nosotros. Pero no todos en mi familia eran de la misma manera. Muchas luchas y malas experiencias sucedieron sin mi madre. Mi hermano siempre estaba allí, y no podía vivir sin él. Por la noche solía llorar mucho. Traté de ser fuerte, pero no podía pretender ser fuerte cuando mi corazón estaba lleno de tristeza. A pesar de, la verdad era que yo no era una persona débil, el problema era que no podía soportarlo más. El llanto me hizo sentir relajada, me sentí mejor. Dio paz a mi alma, y ​​también me dio fuerzas. Me dio la fuerza para seguir aferrándome a todo lo que me estaba pasando. En el proceso, hice muchos amigos. Mi mamá y mi hermano son todo para mí; ellos son mi fuerza, así que tuve que ser fuerte. Un día mi madre decidió que era hora de que estuviéramos con ella.

El día en que tuve que salir llegó, mis amigos se levantaron muy temprano para decir adiós. No quería irme. Tenía un afecto especial por ellos. Me dieron regalos. Hoy esos regalos son mis tesoros más preciados, todavía los guardo con mucho cariño. Nos despedimos de ellos con lágrimas en los ojos, y fuimos al aeropuerto con otras chicas que iban a otro lugar. Me subí a un avión y después de ese avión, tuve que tomar otro para llegar aquí con mi madre. Finalmente conseguí a mi mamá y yo estaba esperando en el reclamo de equipaje, cuando la vi, lo primero que hice fue correr hacia ella y darle un gran abrazo. No quería soltarme, me abrazó con fuerza y ​​empezó a llorar. No pude contener las lágrimas. Tuve un año de no verla, la extrañaba tanto. Lo primero que hizo mi madre fue llevarnos al Centro Maya para aprender inglés, así que cuando mi hermano y yo entramos a la escuela sabríamos algo y no entraríamos a la escuela sin saber nada de inglés.

Mi primer día de escuela fue en la escuela media. Al principio, no fue el mejor día. Me perdí y no conocí a nadie. Me sentí muy mal, pero cuando entré en mi primer período mis compañeros de clase me ayudaron y fueron muy amables conmigo que me hizo sentir mejor. Al final del día, era mejor de lo que jamás hubiera imaginado. No comencé bien con mis clases porque no entendía nada porque en Guatemala sólo estudié hasta el cuarto grado y aquí estaba en octavo grado que era muy avanzado para mí. Pero a pesar de lo difícil que era, no me rendí y mis notas eran puras A y B’s. Todavía pongo mucho esfuerzo en la escuela y no me doy por vencida a pesar de las dificultades. Pienso y hablo conmigo misma, “lo puedo hacer” con todo lo que me ha pasado, “¿Hay algo que no pueda hacer?” Y también quiero que mi mamá sepa que su esfuerzo ha valido la pena y que lo aprecio mucho. Aprovecho esta oportunidad con los brazos abiertos porque sé que hay muchos niños que quieren la misma oportunidad pero no la tienen.

Ahora estoy en la escuela secundaria, quiero lograr el sueño por el que vine aquí. Quiero estudiar Administración de Empresas y también completar un grado de Psicología. Quiero que mi mamá se sienta muy orgullosa de mí. Voy a patear y luchar para conseguir lo que quiero y sé que no hay nada que no pueda hacer. Sé que el sueño americano que vine aquí a buscar me costó mucho, y seguirá costándome mucho, pero sé que con la ayuda de Dios y mi familia lo lograré. Aunque estoy lejos de algunos de mis familiares y me han tratado mal, no me importa. Todavía los amo y no guardo rencores, aunque sé que no puedo estar con ellos porque no me aman y me tratan mal.

Hay muchas veces que me hace querer lanzar todo sobre el borde y huir, pero recuerdo que en mi país no tengo a alguien que me ama. Recuerdo mis metas y todo lo que he pasado para cumplirlas. Entonces, pienso bien y recupero mi fuerza porque cuando mis fuerzas terminan, las de Dios comienzan.

Esta fue mi historia de como vine aquí y todo lo que he pasado. Espero ser una inspiración para todos aquellos que han tenido algo similar a la mía, le aconsejo que le dé su todo, y nunca te rindas. Dios sabe por qué haces las cosas y por qué estás aquí. Recuerda que no estás solo, que Dios está siempre contigo. Apreciar el sacrificio que sus familias hacen por usted y ser siempre agradecido.

 

 

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