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Growing Love For El Salvador

By Xan  |   From : Salvadorian America  |   School : I Learn America Fellow

Mami is sending me to her homeland. I go a month before I turn seven. Still petite as a seed, but in my dreams my arms are branches reaching for the sky. In reality, no matter how much milk I drink I don’t think I’ll ever grow. With her arms stretched out, Mami whispers, “I love you this much. I love you more than the universe. You are my sun, the biggest star” — So bright and unimaginably big that I’ll burn her eyes, and nothing else matters to her because I’ve melted it all. She loves me so much, she is sending me away. She wants me to know the beauty of El Salvador.

(EN ESPANOL) Mami me envía a su tierra natal. Me voy un mes antes de cumplir los siete.  Todavía pequeña como una semilla, pero en mis sueños mis brazos son ramas que alcanzan el cielo.  En realidad, no importa cuánta leche beba, creo que nunca creceré.  Con los brazos extendidos, Mami dice en voz baja: “Te amo tanto.  Te amo más que al universo.  Eres mi sol, la estrella más grande “- Tan brillante y inimaginablemente grande que quemaré sus ojos, y nada más le importa porque lo he derretido todo.  Ella me ama tanto que me está enviando lejos.  Quiere que conozca la belleza de El Salvador.

Mami is sending me to her homeland. I stay with relatives in the house built by my great-grandfather in the 1940s. On the roof, the spaced out rows of long spotted cedar beams are visibly dusty. The wood has never been replaced; it withstood time in spite of earthquakes. The tall long rectangular inner parlor has two double doors without handles that lead to the kitchen. There the roof’s wood is lined with dried bamboo, and there’s no second wall. Instead we have a landscape view of the first patio. Walls and door handles are needless because everything is open all the time, even the entrance door: welcoming wandering wind. Everything feels big to me. Like the mosquitoes that bite me when there is stagnant air — I flutter throughout my land. Reclaiming the blood and nature of my ancestors.

Mami me envía a su tierra natal.  Me quedo con familiares en la casa construida por mi bisabuelo en la década de 1940.  En el techo, las filas espaciadas de largas maderas de cedro están visiblemente cubiertas de polvo.  La madera nunca ha sido reemplazada;  resistió el tiempo a pesar de los terremotos. La sala interior alta, larga y rectangular, tiene dos puertas dobles sin chapas que dirigen a la cocina.  Allí, la madera del techo está en pareja con bambú seco y no hay una segunda pared.  En cambio, tenemos una vista del paisaje del primer patio.  Las paredes y las manillas de las puertas son innecesarias porque todo está abierto todo el tiempo, incluso la puerta de la entrada: dando la bienvenida al viento errante.  Todo me parece grande.  Como los mosquitos que me pican cuando hay aire estancado, floto por toda mi tierra.  Recuperando la sangre y la naturaleza de mis antepasados.

Mami is sending me to her homeland. Where the sun’s rays seem palpable, and it feels like they bore through my bones. I look for shade under the tropical foliage, but my heart melts anyway. In the second patio, my skinny arms and legs are striped by the shade of the palm leaves. Cousin Luis climbs the palm tree to bring down the coconuts. I try to find him in between the trees, but I only see his hairy brown legs. I listen for the klonk of the fruit falling. Cha, cha, cha! On a stump, a machete is opening the hairy brown, sloshing coconuts. My feet walk to the right corner of the patio. I stand in front of a grateful lime tree. We drown the tree of lime with water, and in return there is a never ending supply year round for everyone on the block. My tiny hands shake the twigs abundant with green limes. Until the limes and I are both dancing. Tia Elsa palms her forehead if I pick the lowest limes because they’re the last to mature.

Mami me envía a su tierra natal.  Donde los rayos del sol parecen palpables y se siente como si penetrara mis huesos.  Busco sombra bajo la fronda tropical, pero mi corazón se derrite de todos modos.  En el segundo patio, mis brazos y piernas delgadas están rayadas por la sombra de las hojas de palmera.  Mi primo Luis trepa la palmera para derribar los cocos.  Intento encontrarlo entre los árboles, pero solo veo sus peludas piernas morenas.  Escucho el klonk de la fruta cayendo.  ¡Cha Cha Cha!  Sobre un poste, un machete abre los cocos que fluyen con agua.  Mis pies caminan hacia la esquina derecha del patio.  Me paro frente a un palo de limón agradecido.  Ahogamos el árbol de limón con agua y, a cambio, hay una oferta interminable durante todo el año para todos en la cuadra.  Mis manitas sacuden las ramitas abundantes de limones verdes.  Hasta que las limas y yo estemos bailando.  La tía Elsa se da la frente con su mano si escojo los limones más bajos porque son los últimos en madurar.

Mami is sending me to her homeland. Over there my three older cousins wake up with the roosters and masses of shrieking bird songs. Their first chore: sweep the leaves fallen from the mango tree in the main patio. With a witch’s broomstick, five times my height, Luis wacks a family of tear shaped, green mangoes. I keep the tree trunk company, criss cross applesauce in a woven reed chair that will leave marks on my skin later. Cindy and Roxana stumble around, chins up, catching the tears of the towering tree. Their large tubs are green; they coddle baby mangoes. The stems cry with sticky milk that cuts your mouth. Unripe mangoes are washed, carefully peeled with a knife, slit in half in the center of the hand’s palm, and its petite seed is carved out. Under the 50 year old mango tree I munch on the salted, limed mangoes with alguashte, grounded pumpkin seed seasoning. My mouth is drooling.

Mami me envía a su tierra natal.  Allí, mis tres primos mayores se despiertan con los gallos y los gritos de pájaros.  Su primera tarea: barrer las hojas caídas del árbol de mango en el patio principal.  Con un palo de escoba de bruja, cinco veces mi altura, Luis golpea una familia de mangos verdes. Los mangos tienen forma de lágrima.  Hago compañía al tronco del árbol, me siento pies cruzados en una silla de junco que dejará marcas en mi piel más tarde.  Cindy y Roxana se tambalean, con la frente levantada, atrapando las lágrimas del árbol verde. Sus cestas en los brazos son verdes;  consienten mangos tiernos.  Los palos lloran con la leche pegajosa que te corta la boca.  Los mangos tiernos se lavan, se pelan cuidadosamente con un cuchillo, se cortan por la mitad en el centro de la palma de la mano y se saca su pequeña semilla.  Debajo del árbol de mango de 50 años, mastico los mangos salados con limón y alguashte.  Mi boca babea.

Mami is sending for me. I don’t want to leave the land of lazy leaves. I am in love with the innocence of El Salvador’s nature. I beg her to let me stay and grow old with the mango tree. I dream about waking up to constant bear hugs from the rosy-cheeked sun, so I can stretch my arms around the trunk of the tree and transfer all my growing pains into energy. I am a tree hugger because I’m too young to know the science of photosynthesis, so I believe in magical vibes from the glittering sun. It’s the night before I leave, and the moon glimmers on watering eyes. Mami says she wants me to bring her green mangoes. So I use the salt from my tears to put in the water of the containers. I call her, and tell her to come get them herself. She says I have to come home, but I tell her El Salvador is our homeland.

Mami está enviando por mí.  No quiero dejar la tierra de las hojas perezosas.  Estoy enamorado de la inocencia de la naturaleza de El Salvador.  Le ruego que me deje quedarme y envejecer con el árbol de mango.  Sueño con despertarme con los constantes abrazos de oso del sol de mejillas rosadas, para poder estirar mis brazos alrededor del tronco del árbol y transferir todos mis dolores de crecimiento en energía.  Abrazo los árboles porque soy demasiado joven para conocer la ciencia de la fotosíntesis, así que creo en las vibraciones mágicas del sol brillante.  Es la noche antes de irme y la luna brilla en los ojos llorosos.  Mami dice que quiere que le lleve mangos verdes.  Entonces uso la sal de mis lágrimas para poner en el agua de los contenedores.  La llamo y le digo que venga a buscarlos ella misma.  Dice que tengo que volver a casa, pero yo le digo que El Salvador es nuestro hogar.

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